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Oct
07

La Naranja Mecánica y el libre albedrio

Cuando en 1971, Kubrick estrena su “naranja mecánica”, la sociedad americana no estaba preparada para visionar una violencia de tal magnitud. Tampoco lo estaba la británica donde el film estuvo prohibido durante casi 30 años.

Fue el mismo Kubrick quien ordenó retirar su exhibición y venta en su propio país. Si lo hizo por la proliferación de pandillas ansiosas de repetir las fechorías de Alex, el protagonista, y sus “drugos”, o por el miedo que le produjeron las constantes amenazas de muerte recibidas por ser el responsable de la creación de tal sinfonía del horror, está aún por resolver.


La violencia es el primer bofetón que Kubrick nos brinda en los primeros compases de la película, asegurándose captar nuestra atención incondicionalmente. La espiral de peleas, violación y muerte, mostradas con una estética rotundamente vanguardista de una Gran Bretaña del futuro, no termina de dar su verdadera cara, hasta que entendemos que lo realmente violento es el conocimiento al que hemos llegado a través de las imágenes: El ser humano es esencialmente malo. Sin duda, nos sentimos violentos de verdad, cuando descubrimos que hay algo (o mucho) de Alex en nosotros mismos.


Sin embargo no es la tan traída y llevada violencia, lo que más me ha llamado la atención desde siempre en la naranja mecánica. Ni siquiera la demoledora crítica a la sociedad y al hombre mismo, que nos muestra la segunda parte del film, ni la imaginativa idea de restructuración cognitiva a través del condicionamiento clásico de la conducta antisocial del protagonista, muy en línea con las teorías cognitivo-conductuales que empezaban a imponerse en la psicología académica de los 70, al estilo de lo que hizo Hitchcock unos años antes en películas como “Recuerda”o “Psicosis”, en ambas ocasiones con el psicoanálisis como telón de fondo.


Lo que siempre me atrajo de verdad, fue el cuestionamiento sobre el libre albedrío en el hombre, que plantea el film. A saber: los crímenes y la naturaleza misma de Alex le llevan a prisión, donde se gana la confianza de un sacerdote, fingiendo una profunda conversión. En paralelo, decide someterse voluntariamente a un nuevo método experimental de reinserción,consistente en asociar imágenes violentas con terribles náuseas inducidas por la administración de drogas. El éxito es total. Alex no consigue evitar dichas náuseas ni el profundo malestar, cuando experimenta cualquier deseo de violencia una vez puesto en libertad, siendo incapaz de responder a cualquier agresión. Sin embargo la naturaleza malvada de Alex sigue siendo la misma, su leiv motiv no se ha difuminado, continúa deseando causar mal a su alrededor.


Es el sacerdote de la prisión, quien debería sentirse aliviado de que Alex no vuelva a delinquir, el que paradójicamente plantea al gobierno y a la propia sociedad, la siguiente cuestión: ¿Que hay del libre albedrío? Si le quitamos al hombre la capacidad de decidir como quiere actuar, ¿sigue siendo un hombre? ¿es lícito suprimir la capacidad de decisión de una persona aunque esta elija el camino del mal? ¿aunque mate y haga un profundo daño a la sociedad? La respuesta a estas preguntas te dirán mucho de ti mismo y de lo que piensas. Y yo con Alex me he conocido un poco mejor.

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Un comentario

  1. Luciana escribió:

    Creo que no es lícito…y que la libertad individual debe ser respetada.
    Aunque tampoco creo que el ser humano sea enteramente maldad…
    Alex,según puedo entender,presenta una patología de base;caldo de cultivo de una sociedad también enferma.

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